Pocas veces coinciden de manera tan clara una cifra histórica nacional y una ventana de oportunidad regional. México cerró un periodo con su mayor registro de Inversión Extranjera Directa, superando los 23 mil millones de dólares, y Sonora se encuentra, precisamente ahora, en una posición privilegiada para convertirse en uno de los destinos que más capitalicen ese flujo de capitales.

El norte del país concentra una parte significativa de los proyectos que han impulsado este récord. La consolidación del nearshoring —la relocalización de empresas que buscan producir cerca del mercado estadounidense— ha transformado el perfil industrial de estados fronterizos como Sonora, que en los últimos años ha visto crecer su inventario de parques industriales, ampliar su red logística y atraer manufacturas de sectores como el automotriz, el aeroespacial y el electrónico.

De acuerdo con registros oficiales, la inversión extranjera directa que llega a México no se distribuye de forma homogénea: los estados con infraestructura consolidada, acceso a mercados internacionales y mano de obra calificada tienen ventaja. Sonora reúne esas condiciones, y entidades como Hermosillo, Guaymas-Empalme y el corredor fronterizo de Nogales han sido señaladas de manera consistente como zonas de alto interés para empresas extranjeras.

No obstante, el desafío no es solo atraer la inversión, sino retenerla y traducirla en beneficios concretos para la población local: empleos formales, desarrollo de proveedores regionales y fortalecimiento de servicios públicos. Autoridades estatales han reconocido que la llegada de grandes corporativos exige también inversión pública en vivienda, agua y movilidad —una ecuación que el gobierno sonorense deberá resolver en paralelo.

El récord nacional es, en buena medida, un reflejo del momento geopolítico que vive América del Norte. Mientras ese contexto se mantenga favorable, Sonora tiene la oportunidad de consolidar su lugar como uno de los motores industriales del país. Lo que ocurra en los próximos meses —en materia de política arancelaria, relaciones comerciales con Estados Unidos y certeza jurídica para los inversionistas— definirá si este pico histórico marca el inicio de una tendencia o un punto de inflexión que el estado deberá aprovechar antes de que cambie el viento.

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